PARA TI, EDUCADORA DE CORAZÓN...
 
Llegas a la Escuela y un par de minutos antes de tu hora vas a dar los buenos días a la compañera, le preguntas qué tal fueron los desayunos y recoges el chupete de Pablo y la medicina de Irene mientras te cuenta que hoy Martina no quiso las galletas dentro de la leche, pero fuera se comió 3. Y te ríes. Y le das las gracias. Y comienza el día.
 
No te gusta quitar a los niños de brazos de sus padres y despliegas todos tus recursos: vamos a por un cuento, ven a saludar a los amigos, vamos a coger tu muñeco preferido... A veces funciona, a veces no, pero no dejas de intentarlo.
 
Eres capaz de tener sobre tu regazo a dos niños mientras consuelas a un tercero y guiñas un ojo al que está muy enfadado y no quiere acercarse.

Y das besos. Y abrazos. Y limpias lágrimas de caritas preciosas que quieren que les consueles y a la vez no. Y cantas canciones, cuentas cuentos, haces rimas y das besos en pupas que se curan al instante.
 
A veces los llantos no paran, a veces te sientes superada, a veces piensas si lo estás haciendo bien. Una compañera te anima, te abraza, te consuela como tú haces con los niños. Y te sientes mejor. Y sigue tu día.
Encuentras tiempo para ir a clase de tus compañeras, coges ideas, les hablas de aquella niña que te preocupa y les preguntas si han visto el aeronfix.

Sabes que a Lucas le gustan las lentejas con poco caldo, que a Ángela la naranja le sienta mal y que Pedro siempre repite. Por no hablar de "tus alérgicos", que son tu padrenuestro diario.
 
Saliste de casa recién peinada. Al finalizar el día tienes más pelo fuera de la coleta que dentro. Te duele la espalda. Pero sonríes, porque hoy han llorado menos y se han reído en la asamblea. Y tú has disfrutado de ellos. Tus niños.

Dudas de hacerlo bien, de poder llegar a todo, pero llegas, llegas y sobrepasas.
 
Eres una educadora de 10, no lo olvides...